¿Sigue habiendo clases sociales? Spoiler: sí, y con horario partido.

Imagina que eres un sim en una partida de Los Sims. No puedes elegir tu familia, tu casa, ni si tu avatar va a tener acceso a bachillerato o va a acabar vendiendo móviles reacondicionados. Pues bueno, según las diapositivas de "Estructura y cambio social", eso no es una metáfora, es lunes.

La estructura social es esa especie de esqueleto invisible que organiza quién cobra cuánto, quién manda, quién sirve y quién solo mira. Según Juste, y parafraseando elegantemente a Cromptom (1994), nunca ha existido desigualdad sin que alguien inventara un cuento bonito para justificarla: "el pobre es pobre porque quiere", "si estudias mucho, llegarás lejos" o el mítico "el que vale, vale". 

Pero spoiler otra vez: si tus padres no tienen estudios, las estadísticas dicen que tú lo vas a tener más complicado para romper el molde. Lo confirma incluso el Consejo Escolar del Estado y estudios como el de la OCDE sobre la movilidad social. En España, "el ascensor está averiado", como titulaba El Diario.

Marx, Weber y el postureo.

Para Marx, todo se reduce a una cosa: tienes los medios de producción, o vendes tu tiempo por horas. Para Weber, hay matices: también importa si te invitan a tomar algo después del trabajo. Es decir, no es solo qué tienes, sino cómo te miran. Y sí, aunque lleves traje y corbata, si no tienes red de contactos o un apellido compuesto, puede que estés en la misma casilla que el vagabundo.

Roles sociales: ¿personaje o persona?

Aquí Parsons nos explica que jugamos papeles sociales. Tú eres hijo/a, estudiante, empleado/a y puede que hasta community manager de tu familia en el grupo de WhatsApp. Lo curioso es que esos roles están tan institucionalizados que a veces no saben si tomarte un café porque te apetece o porque es lo que toca en el rol de trabajador quemado.

Y sí, hay roles de género también. Que todavía haya que explicar que el liderazgo no tiene genitales ni ciclo menstrual me da vergüenza ajena. Pero ahí estamos: con el efecto Matilda (mujeres ignoradas en ciencia y trabajo) y el clásico "¿y si se queda embarazada?"

La educación como salvavidas:

Dicen que la educación puede cambiar el mundo. También dicen que el cambio climático es una prioridad y seguimos usando cápsulas de café. La educación puede ser herramienta de cambio, sí, pero también de reproducción de desigualdades, como explicaba Bernstein (1961) con sus códigos lingüísticos: si tu casa está llena de frases largas, debates, libros, tienes ventaja. Si no, entras a la uni preguntándote qué demonios es una rúbrica. 

El sistema sigue premiando a quienes ya partían con ventaja. Y no, no es que falte esfuerzo: es que faltan condiciones equitativas.

¿Entonces, que?

El cambio social va a venir de repensar e sistema educativo, el mercado laboral, y sobre todo, dejar de echar la culpa al individuo cuando el problema es estructural.





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